Vacaciones 2016 – 2017

Rosario 25 de enero del 2017. Regresamos de otro de los viajes de vacaciones de verano que disfrutamos, visitando la patagonia de Argentina.

El itinerario general partiendo desde Rosario – Santa Fe, pasamos por San Luis, San Rafael – Mendoza, Villa el Chocón – Neuquén, Villa Pehuenia – Neuquén, San Carlos de Bariloche – Río Negro, San Martín de los Andes – Neuquén, retornando por Villa el Chocón – Neuquén, Toay – La Pampa y de ahí retornamos a Rosario – Santa Fe.

Recorrimos de manera distinta los mismo caminos y pudimos ser nuevos visitantes en tránsito del destino.

En esta oportunidad visitamos la localidad Villa Pehuenia, en la provincia de Neuquén, allá por el oeste de la Argentina. Llegamos luego de un cansador viaje. Hicimos en el recorrido varias paradas, en San Luis en la zona de Trapiche, en Mendoza en el cañón del Atuel, y en Neuquén en Villa el Chocón. En San Luis las aves nos despiertan como dándonos la  bienvenida a las vacaciones, en San Rafael la calma del Atuel constante en el silencio de la noche deja atrás todo lo urbano que se nos pegó día a día. Nos recibió Villa El Chocón con esa fuerza patagónica de su viento y arena, en momentos, en dramático transitar.

Levantando polvareda en ripio y tras cruzar cornisas que nos hacen espectadores de paisajes puros de colores, llegamos a Villa Pehuenia. Fronteriza de mapuches y pehuenes, de lagos y montañas, de un volcán que sumiso se deja llegar a su corona donde se puede apreciar a sus durmientes vecinos. Aguas cristalinas, días cálidos y noches frescas. No se sabe de caminos rectos en sus recorridos, y entre curvas, en subidas y bajadas, a cada paso un paisaje que no se olvida.

Y entre tanto lago, Sofía descubre las frías aguas patagónicas. Y un pie, y hasta la rodilla, ya a la cintura intenta como fascinada por lo cristalina sumergirse. Una tarde que acompaña con un sol esplendoroso, una playa tranquila, de arena volcánica de rocas erosionadas. Una oportunidad que no se escapa, otra experiencia que se queda.

Nuestras próximas eran hacer trekking en familia, unos senderos que conocíamos y escogimos para hacerlos juntos con Sofía. Recorridos que incluyen senderos por el bosque, transitar laderas rocosas, puentes naturales, vadear arroyos, trepar senderos rocosos al borde de cascadas. Para esto nos trasladamos a la ciudad de San Carlos de Bariloche, donde desde ahi un dia fuimos a recorrer el sendero de Laguna Negra, otro día al sendero a Refugio Frey, otro al Lago Perito Moreno. Entre recuerdos de las últimas veces que hicimos estos recorridos solos con Celina, nos internamos lentamente en bosques centenarios, entre picadas, sorteando sobre enormes troncos, arroyos que desaparecen en la vegetación, sólo reinaba el canto de las aves; la sombra de la espesura del bosque nos colmó de sensaciones a los tres, tanto que Sofía nos preguntó por el lobo aquel que muy ordenado se vestía en los cuentos para atrapar a los niños. De a ratos juegos, de a ratos en la mochila que Celina cargó siempre como quien lleve su alma, de a ratos caminando junto los tres, puedo decir que no estábamos en ninguna otra parte que en nuestra compañía plena. Y varios días de playa, en las gélidas aguas del Nahuel Huapi, completaron nuestras jornadas.

El clima soleado que nos estaba acompañando comenzaba a cambiar como concluyendo nuestros días en la patagonia, fue así que tras levantar campamento, y recorriendo el hermoso camino de los siete lagos y nos establecimos en San Martín de los Andes, desde donde recorrimos el contorno del Huechulafquen, acariciados por sus viento fresco inmersos en el colorido paisaje, y custodiados por el gran Lanin de fondo, transitamos en su totalidad el camino de ripio hasta llegar a su fin, ahi donde fuimos nuevamente a hacer otro hermoso sendero y trepada en las inmediaciones de una cascada preciosa. Ver a Sofía sentir el spray generado en la rompiente cascada paga todo el esfuerzo.

Y dejamos atrás lugares pero no las experiencias, dejó Sofía parte de su desconocimiento, trayendo en su ser impregnadas sensaciones. Nosotros con Celina seguimos, sin tratar de entender tanto de cuántos, de hasta dónde, seguir por lo proximo, mirando en todos los tiempos y lugares que dejamos.

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