Uruguay – Verano 2018

Colonia del Sacramento, Uruguay 5 de febrero del 2018

Temprano salimos rumbo al este, nuestro destino la ciudad de Colonia del Sacramento en la República del Uruguay. Nuevos caminos recorrimos y menos yo el resto por primera vez cruzaba la frontera.

Por la tarde llegamos al camping en Colonia y sin descansar fuimos a ver la puesta del sol en ese horizonte lejano, como ceremonia de cierre de otro dia de viaje.

Recorrimos los paseos coloniales de la ciudad para luego llevar nuestro cansancio y satisfacción a dormir.

Algo tan magnífico y tan común, como cualquier instante del dia que solemos no apreciar como corresponde. Así es una puesta de sol en Colonia

 

Punta Ballena 7 de febrero del 2018.

Ayer salimos desde Colonia del Sacramento temprano por la mañana para, luego de transitar por la ruta interbalnearia, cruzar la ciudad de Montevideo y llegar a  establecernos en la localidad de Punta Ballena en el camping homónimo.

Luego de armar el campamento y almorzar, disfrutamos una tarde relajada en la pileta del camping así recargar fuerzas para las próximos excursiones en nuestra estadía.

Nada más atractivo que las nuevas experiencias. Nos tocó un vecino de camping, de los estables que residen en sus casas rodantes, muy amable y junto a sus nietas pequeñas, como Sofìa, nos dio una grata bienvenida.

Al día siguiente fuimos a recorrer la rambla de Punta del Este y hacer el primer contacto con la emblemática zona uruguaya.

Costanera llena de historias, incansable anfitriona de millones de turistas. Y ahi caminamos en la zona del puerto, en la rambla de la península histórica y hasta llegar al hito por excelencia de uruguay, la playa Brava, donde se encuentra la estatua de los dedos gigantes, donde todos se retratan.

Un dia tan lindo que el mar invitaba sin protocolos y ahi accedimos para jugar en sus límites. Las impacientes ganas de Sofía por disfrutar del mar brillaban más que el sol. Artífices del recuerdo lejano de nuestra hija somos, así de fáciles.

 

Punta Ballena 8 de Febrero del 2018.

Todo se inició en esa mañana fresca, estática, silenciosa. Desayuno sin techo, ni paredes, y emprendimos rumbo a José Ignacio.

Nos detuvimos para apreciar el caprichoso ingenio de Leonel Viera al construir el icónico puente de la Barra, como así se conoce. En verdad no sabemos cuál de los dos era el de él, ya que hay dos puentes gemelos, uno construido en el año 1965 por Leonel Viera y el otro por Alberto Ponce Delgado construido en el año 1998, separados por solo veinte metros.. el cual se deterioró antes… reparado en el 2005 y ahí estaban…

Dejamos atrás las ondulaciones de aquel puente y tras recorrer una ruta costera, llegamos a José Ignacio. Sol, nubes, viento y olas incansables a una playa de costa irregular.

Imponente, el Faro de José Ignacio, custodio del salvaguardo marino desde el año 1877 es la alerta del peligro que guardan los arrecifes cercanos.

Desde su altura de veinticinco metros Celina miró lo pequeño que somos.  

Hora de playa, y de a aquí para allá, un mar inquieto y Sofía escapándole a las olas, que de verla tan feliz, salían impaciente para atrapar sus piececitos. Sofía y mamá, yo el espectador privilegiado. Los recuerdos son la piel de las sensaciones…

 

Punta Ballena 9 de Febrero del 2018.

Despunta la mañana entre nubes, un sol tímido, expectante prefiere mantenerse al margen.

Desayunamos y tras preparar nuestro equipo en el vehículo, nuestro programa prefijado para la ocasión, fue visitar el museo de “Casapueblo”, emblemático punto turístico muy cerca del camping donde estamos.

“Casapueblo” Capricho del arte incansable de Carlos Páez Vilaró, abría las puertas a los visitantes, que aprovechamos, y bien expresado, “aprovechamos” el momento para recorrer su museo.

El hotel Casapueblo dispone de 20 habitaciones y suites y 50 apartamentos con capacidad para 2, 4, 6 y hasta 8 personas.

En la cúpula principal de Casapueblo se encuentran el museo y el taller, donde se puede ver parte de la obra de Carlos Páez Vilaró.​ Cuenta con cuatro salas de exposiciones, sala de proyecciones, la terraza de la sirena, el mirador del hipocampo, la cafetería Taberna del Rayo Verde y una boutique.

El complejo fue construido de manera artesanal y sin planos previos,​ en forma de laberinto,​ no tiene líneas rectas en su interior y predomina el color blanco. Se fue ampliando y modificando año a año como una residencia de “formas impredecibles”.

Algunas fotos para el recuerdo, y como atraída por la magia laberíntica, los colores de las obras y espacio emocional del lugar, Sofía no paraba de recorrer, saltar y querer tocar todo al alcance de sus ojitos curiosos.

 

Tras un buen rato de impregnarse del arte de esta destacada persona, pusimos rumbo a la localidad de Piriápolis. De nubes a nubarrones, y de humedad suspendida a torrencial lluvia en el camino. Tranquilos por la autopista interbalnearia llegamos a nuestro destino, o en nuestro destino, llegamos a Piriápolis como mejor quieran verlo.

Tomamos un rato para almorzar y guarecernos de un aguacero constante, mirabamos la rambla costera emblemática del lugar, hasta que pudimos salir a recorrerla.

Sensaciones atemporales me recorrer recorriendo paso  a pasao el lugar. Veredón curvilíneo recorrido con palmeras, remates arquitectónicos, molduras de cemento de una época muy distante, no menos me hace sentir estar en 1916, fecha de su inauguración. Lugar cargadisimo de historia, que recorrimos casi brevemente ya que nos restó mucho tiempo un clima adverso que me dejó esa cuota de hasta la próxima visita.

Me llevo las sonrisas de Celina y Sofía, haciendo parte de mi felicidad.   

 

Rosario 12 de febrero del 2018

El sábado pasado disfrutamos, cual despedida de las playas uruguayas, un día excepcional de viento y sol plenos en la Brava.

Cerca del “Hombre emergiendo a la vida” título de la escultura del artista chileno Mario Irrazábal, llamada comúnmente la mano de la playa brava, construida en 1982, pasamos un hermoso momento.

De fondo, al atlántico, la isla de los lobos, enérgico el océano pisa fuerte impronta en un constante oleaje.

Bañistas entre turistas y afines, desafían un sol que marca la piel. Ahí nosotros, es el momento para sentir la fuerza imparable de quien gobierna este planeta acuático.

Banderas rojas y la intuitiva precaución de Sofía confirmaban el peligro que generaban las olas cruzadas, y la fuerza con la que llegaban a la costa. Así que jugamos un rato entre las rompientes y entre reír y capturar recuerdos, regresamos al camping a rematar una tarde en la pileta del camping.

Al dia siguiente, ya la lluvia con gotas de nostalgia, nos acompañó a un paseo por la rambla y recorrer la zona central de punta del este.

La plaza de artesanos fue nuestro paseo luego del almuerzo y Sofía fácil a la moda decoró sonriente su cabello en trenza de caracoles.

Un helado artesanal, y descansar para el regreso.

Hoy ya no es el dia siguiente y dejamos atrás el océano y nuestras aventuras en mini rodante. Luego de muchas horas de viajes llegamos nuevamente a Rosario, nuestro punto de partida para el próximo viaje.

Qué más decirles, qué les cuento, Uruguay en febrero del 2018, fue exactamente nosotros mismos en otra de las experiencias inolvidables.

Nuestras primeras vacaciones de playa.  

La brújula que guarda Santino mira el norte….

 

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