Las Grutas y San Antonio Este 2019

En nuestras tercera etapa del viaje, en estas vacaciones de verano 2019, dejamos atrás Puerto Madryn y fuimos a visitar las renombradas playas de Las Grutas. Al llegar al sector céntrico de la ciudad, me encontré con una notoria sensación a flor de piel de estar en una ciudad marítima. Haya sido tal vez que justo en la esquina donde me estacioné, estaba rodeado por casas pintadas de blanco y las calles conducían la vista a la inmensidad del horizonte en el mar, con un sol a pleno mediodía, aires de mar.

La marea en baja nos permitió recorrer las amplitudes costeras. Apreciamos al pie de los acantilados las formaciones rocosas que, socavadas por el agua al subir la marea, moldearon a través de miles de años cuevas o grutas.

En el sector que antecede a la playa caminamos sobre una gran  masa rocosa, al riesgo por resbalar debido al musgo en ellas, y nos fascinamos por las oquedades que atesoraban    recuerdos de la última marea alta, piedritas, almejas y hasta cangrejos sumergidos en las salinas aguas transparentes. Y Sofía queriendo ver todo, tocar todo, ir para todos lados y muy alerta y precavida, siempre con una sonrisa.

Invitados por el constante oleaje de aquí para allá, caminamos sin detenernos, no sabría decir si fueron horas que fueron minutos o parecieron minutos que eternos se hicieron en nuestra memorias por aquellos sensacionales momentos.

Y continuamos el rumbo norte, y otra parada nos invitó en el camino para jugar en una de las playas más particulares que tiene la Patagonia Argentina, la Playa Las Conchillas, en San Antonio Este. Previamente nos acercamos a los marineros que estaban aprontando su barcaza pesquera, con la intención solamente de ver nomás, así de curiosos turistas, y conocí el particular carácter de aquellos, oscos, cerrados, de piel curtida y descuidados. Ojos entrecerrados en una mirada desconfiada, que nos observaban, desde que llegamos. En fin yo soy el viajero, ellos los marineros, ellos cumpliendo sus vidas y a nosotros solo nos lleva el viento.

Y más en la inmensidad de la playa nos internamos para, juntos los tres entre las olas y el viento, manifestarnos felices en este tiempo.

Cuando el sol ya recostaba sus rayos en el horizonte, fuimos al camping donde hace varios años atrás, junto a Sofía con su primer año recién cumplido, estrenamos la primer navidad en familia.

En nosotros está que todos los días no solo sean un día más.

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