Un poco más de fuerza

A la deriva entre críticas y opiniones, una obra se dirime en lo incierto del veredicto, un hombre encarna el papel de jurado en la escena definitoria.
Dos mil novecientos setenta y seis horas atrás surgía en mí una imagen recreada de un viaje que realicé hace varios años y quería hacerla realidad con una fotografía. Y pretendía, y a eso me disponía. Mil quinientos ochenta kilómetros de viaje, junto con Celina recorrimos para establecernos en campamento. Dos mochilas y el equipo fotográfico lo más pesado. La primera noche en la carpa el termómetro marcó menos once grados y por la mañana iríamos a buscar la foto.

A la deriva entre críticas y opiniones, una obra se dirime en lo incierto del veredicto, dos hombres encarnan el papel de jurados en la escena definitoria.

En la claridad que gana los espacio del bosque, en cercanías de un lago frío estático, desayunamos íntimos en la naturaleza. Las ansias impacientes por lograr satisfacer el expresivo perfil de almas inquietas ayudan a ocultar el frío.
En breve ha de salir el sol, es inevitable, llegamos a la ruta con nuestras mochilas cargadas, cada segundo más y más las imagenes que hace tiempo venía imaginando se me presentaban como las de un recuerdo soñado al despertar. Soledad en la madrugada, una ruta vacía, y luces tenues de la calle eran testigos del momento. Pronto el autobús se ve más cerca lejos en la bruma que cruza el asfalto uniendo el bosque de ambos lados. Y ahí fuimos puntuales, rumbo al objetivo. El chofer y nosotros, era el primer turno del recorrido, no sé cuántos minutos de viaje fueron y nos dejó cerca, donde queríamos.
Son esos minutos, entre que el sol salta del horizonte, en segundos preparamos el equipo fotográfico y el trípode sin quitarnos los guantes. En pleno silencio ni el viento silbaba. ni las aves cantaban aún. Segundo a segundo, todo preparado. Y….

A la deriva entre críticas y opiniones, una obra se dirime en lo incierto del veredicto, tres hombres encarnan el papel de jurados en la escena definitoria.

Uno le dice al otro. – Mirá esta imagen, qué te parece.. – Si, conozco ese lugar, pasé por ahi. Le responde. El tercero agrega. – Unas nubes ayudarían. Y un veredicto premian la foto de un cobarde toro al acecho de una temeraria niñita, de acero. Cerré los ojos y sentí el frio del viento en la madrugada de ese día. La foto quedó debajo de otras tantas perdiéndose entre ellas como las sombras de esa mañana. Más tarde, al terminar el juzgamiento, sin ánimos de crítica por la decisión tomada, pregunté qué llevó a no elegir mi obra a tal ilustres designados y así mejorar mi expresiva, que no acertó con el objeto de mi propósito. Y respondieron asintiendo. – Es una foto muy simple y fácil, tal vez con “Un poco más de fuerza” andaria.

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