Milagro de Navidad

Caminaba por el cerro disfrutando una de mis actividades preferidas cuando a lo lejos, a la sombra de una gran roca junto al sendero se encontraba un niño que parecía concentrado y abstraído de todo.
Al acercarme descubrí que estaba lustrando una piedra una y otra vez sobre un trozo de tela.
Lo afanoso de su trabajo y lo bonita que estaba aquella piedra, me animo a preguntarle qué estaba haciendo, atentando a su privacidad.
Sin levantar la mirada me respondió que debía sacar el máximo brillo a la gema para lograr con ella “El milagro de navidad…”.
Me preguntaba en qué fantasía ha de estar este y nuevamente lo interrumpi:

-¿acaso tiene propiedades mágicas tu gema que podrás lograr semejante milagro?

Cuestioné su respuesta como intentando entender la inocencia de aquel niño a través del brillo en sus ojos, más que en la seguridad que reflejaban sus palabras, a lo que respondió, enseñándome la piedra y diciéndome:

-Mira, es del color justo, casi se logra ver a través. Sin filos, ni bordes. La encontré cubierta de tierra perdida entre tantas otras. Hace días que trabajo en ella, como aprendí de mi abuelo. Sé que tengo parte del milagro de navidad en mis manos. Mírala qué bella es.

La seguridad del niño al afirmar contundentemente que lograría “El milagro de navidad” me intrigó y no podía menos que preguntar si podía contarme más sobre aquel milagro.

-¿Acaso es algo en relación a Papá Noel? pregunte como intentando acotar detalles ante una respuesta que seguro flotaría en una fantasía inocente.
Y una gran sonrisa estalló en el rostro de aquel, que sin distraerse en su tarea, entre risas, soltó un contundente:
-No, Papá Noel no existe!

Una respuesta que no esperaba, o bien no contestó lo que yo pretendía. Un niño que me cuenta del “Milagro de Navidad” no podía menos que relacionarlo con la tradición navideña de Papá Noel, y confieso, que fue muy dura semejante afirmación viniendo de aquel con apenas seis o siete años de edad, y continuó:

– El milagro es la felicidad de aquel a quien hagamos un regalo en los días de navidad.

Vaya respuesta la de aquel niño. Cambió en ese instante mi estado, con tan pocas palabras, enseñándome el camino hacia otro nivel de espiritualidad, algo que no está lejos de mi entendimiento y, a pesar de esto, no lograba develar su intención más allá de lo que veía.

– ¿De dónde sacaste eso? Le pregunté, sentándome a su lado.
-Mi papá, me contó que Papá Noel, o San Nicolás, fue un hombre de un gran corazón y en los días en que recordamos el nacimiento del niño Jesús se personifica en aquellos que reciban una sonrisa de felicidad a cambio de un presente de corazón, logrando así el “Milagro de Navidad”. Seremos Papá Noel o San Nicolás por un instante y sentiremos la felicidad en el corazón.

-Hasta donde yo sé, en navidad o nochebuena, se esperan los regalos que pedimos en la carta de deseos a Papá Noel, o San Nicolás. ¿A caso con lograr tu “Milagro de Navidad” recibirás tus regalos? Pregunté a quien tenía en frente.
Sonriendo y mirándome a los ojos, me dijo:

-No tan así, no es tan fácil. Yo recibo muchos presentes, de mi mamá, de mi papá, de mis tios y tias, y hasta de mi profesora que la quiero mucho. Ellos me regalan a veces las cosas que deseo o simplemente me hacen un regalo que ellos les gusta para mi. Pero en este caso es mucho más difícil, porque para hacer feliz a la otra persona hay que conocer el milagro y saber que aquello que regales será un gran gesto de amor, sobre los deseos de ella y sus necesidades.

Que devoción, que profundo y simple a la vez las palabras de este niño, pero seguía sintiendo que estaba aquel en una entrega casi sin sentido más que el hecho noble y espiritual que perseguía. Atado a mi materialidad lo cuestione directamente:

-¿Pero para ti que lograrás?.

-Para mí, lograré ser Papá Noel por un momento y seré feliz. Y ser feliz es el mejor regalo. Mi simple acción inspirará a otras personas a ser Papá Noel por un instante y probablemente también reciba presentes. Te das cuenta que no existe papa Noel, porque seré yo, y también tú puedes serlo.

Sin duda nada me alejaria de tan hermosa enseñanza. Me sentía en una profunda deuda hacia él. Caminaba por un sendero, y lo encontré. Cómo retribuir la dicha compartida a este pequeño aprendiz de Papá Noel, pensé, y para ya no interrumpirlo más antes de seguir mi camino le pregunté:

-Sin duda que esa piedra que lustraste tan brillante y bonita sera el mejor presente para lograr el Milagro de Navidad. Disculpa mi curiosidad ¿será para tu padre?

-No, es para ti. Esa sonrisa en tu rostro es “El milagro de Navidad”, gracias.

¡Feliz Navidad!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *